EL PRETENDIENTE DE ESTRELLA

 Soy un hombre que se ha enriquecido gracias a su esfuerzo y a su talento. No me avergüenzo en absoluto de ser rico y creo que la pobreza en el mundo desaparecería si el Estado dejara de acosar a quienes tenemos iniciativa para crear riqueza. Un sistema político liberal levantaría hasta al país más pobre porque permitiría que los factores de producción del mercado se hicieran cargo del desarrollo de la prosperidad.

Me opongo al socialismo y por supuesto también a esto que promueven los conductistas, de una economía basada en la caridad y en convertir a la gente en zombis de la "prosocialidad".

Ahora bien, como hombre adinerado que soy, creo que tengo derecho a adquirir los bienes y servicios que más satisfagan mi ambición personal, mis legítimos deseos. Aunque aun no la conozco personalmente, no descarto convertir a la joven llamada Estrella García en mi esposa. Creo que podría hacerme feliz, o contribuir a mi felicidad, el tener una esposa joven, atractiva y honesta, que se comprometería a amarme y a darme un hijo.

No me parece mal que ella, por su temperamento, elija dedicar todo su esfuerzo y cierto sacrificio a causas humanitarias. Yo nunca he donado nada a causas humanitarias, excepto en casos de catástrofes naturales. Participo un poco en acción política a favor de un sistema liberal. He leído su historia, donde cuenta que fracasó en sus estudios. No todo el mundo tiene la misma inteligencia.

Yo no entiendo el matrimonio como un contrato igualitario entre colegas para organizar la vida sexual y el tiempo libre. Lo entiendo como una fuente de afección unida al apasionamiento sexual. Que ella me ame a pesar de no sentirse enamorada de mí me parece lógico según sus planteamientos. Soy un hombre físicamente poco atractivo. Mi mayor atractivo como hombre es mi éxito personal, mi éxito social. Pero no supone para mí un inconveniente que ella no valore eso.

Tengo más de cincuenta años y nunca me he casado. Durante un tiempo tuve una relación de pareja con una mujer que era también mi colaboradora en el trabajo. Estaba implícito que las prestaciones que me daba en esta relación (no solo sexuales, sino también de acompañamiento) se veían correspondidas por mi parte con ventajas económicas para ella. Al final me harté cuando ella empezó a regatear de lo uno para recibir más de lo otro. La despedí, me demandó y luego se llevó un poco más de dinero, pero no tanto.

En cualquier caso, ahora me apetece una relación como la que propone esta joven. Y quiero tener un hijo. Sé que eso supondrá un fuerte desembolso económico para las tareas humanitarias en que ella cree. Me parece incluso estético pese a que yo no crea en la caridad.

Por supuesto, no soy un maltratador ni un canalla. Tampoco soy tonto y, por encima  de todo, soy muy sincero. En eso sí estoy de acuerdo con los conductistas que en muchas cosas imitan estrategias de coaching y en otras imitan a la religión. A su manera, también buscan el éxito personal.

Me gusta jugar al golf, tengo un yate, varias viviendas, automóviles de lujo con chófer. Comer bien, beber bien. Me gusta hablar de negocios con mis amigos, que son todos hombres de nivel parecido al mío. Tengo bastante dinero pero ya no trabajo tanto como antes. Ahora quiero disfrutar más de la vida.

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