ESTRELLA Y SU MARIDO
-¿Qué plan tienes para hoy?
-Aparte de mis ocupaciones habituales, espero por la tarde la visita de una chica que se llama Cristina, una estudiante de altas capacidades que pertenece a la comunidad para la mejora de la conducta.
-¿Es la primera visita que recibes en casa desde que nos casamos?
-Aparte de mis padres y mi hermano, sí. Entró en contacto conmigo por Internet. Es la hija de los abogados de los que te hablé.
-Ajá. Una familia completa. Pero ¿no te habían rechazado?
-Desaprobaron lo que hice, pero no me rechazaron personalmente. Y la hija parece que sí me aprueba.
-¿Tal vez hará lo mismo que tú?
-Es una estudiante de altas capacidades. Lo suyo es estudiar.
-Podría hacer las dos cosas.
-No sé... los estudios, cuando se toman en serio y hay capacidad... Estudia ingeniería.
-Y yo soy un sinvergüenza que se dedica a comprar y vender, a la búsqueda del pelotazo... Ven aquí...
-Espero hacerlo mejor...
-Eres lo que no hay...ah...
-Espero que tengas un buen día.
-No, no me voy aún... espera...
-Creo que, aunque trabajas mucho, lo pasas bien en el trabajo...
-Los negocios a veces implican riesgos... Me verás de mal humor cuando la situación no esté clara... Por cierto, ya va siendo hora de que te presente en sociedad... todos quieren conocerte, por supuesto. Quiero que estés deslumbrante. Y que hables cuando se te pregunte...
-Si me orientas un poco de lo que debo decir...
-Sí, te daré instrucciones concretas... Eres preciosa... qué carita, qué piel... y ya tienes un bebé mío dentro... A mi edad, por fin voy a ser padre...
-Eso es muy importante para mucha gente...
-¿Y para ti no lo será?
-Yo no voy a ser padre, sino madre... es diferente.
-Es asombroso... ¿tú estás segura de que las heroínas esas de las novelas antiguas llevaban sus matrimonios de conveniencia como tú llevas el nuestro?
-Son otros tiempos, Alfredo...
-Y tanto que son otros... Yo nací rico. A mi padre no le fue mal. Y a mi abuelo tampoco. Pero mi padre decía que yo era el que mejor iba. Soy más rico de lo que mi padre fue... y no por mi inteligencia ni por mis estudios... trabajo serio, paciente, cierto instinto... Creo merecer lo que tengo. Tú no crees eso.
-No. Creo que tienes demasiado dinero y que lo gastas en cosas poco importantes. Creo que mucho del dinero que gastas ni siquiera circula lo suficiente para redistribuirse en empleos y cosas así. Pero has donado un millón de euros a una buena causa. A una causa inequívoca... nunca te lo agradeceré lo suficiente. No tendrías por qué haberlo hecho...
-Lo hice para casarme contigo...
-Pero... tú no sabías si este matrimonio iba a satisfacerte. ¿Eres más feliz conmigo en casa?
-Desde luego... Y esto solo está empezando. Llegarás a estar más relajada. Y quiero ver el efecto que haces en una fiestonga de gente rica. Quienes han venido de visita... bueno, han quedado impresionados. Y tú has sido paciente, puesto que pensabas que venían a burlarse de ti.
-Soy una rareza. He salido en la tele. Se ha hablado de mí en los medios...
-Cuando me acuesto y te tengo al lado... Ni siquiera me pones mala cara. Te palpo, tan calentita, tan suave, tan tierna, tan perfumada... Un lujo...
-Me alegro de complacerte.
-No pareces muy alegre.
-Creo que ya sabes que soy una mujer seria y un poco aburrida. Soy como una monja. Y de verdad me alegro de complacerte. He leído que las prostitutas odian a sus clientes, que siempre procuran no darles todo el placer posible, que siempre buscan dejar la huella de su desprecio. Yo no soy así. No soy una prostituta. Soy una heroína que se ha casado por dinero.
-¿Como la novela esa antigua que estás leyendo?
-Bueno, en esa novela se trata de un aristócrata que quiere forzar a una humilde sirvienta a que acepte ser su concubina. Pero no le ofrece nada valioso que ella pueda... Fíjate, Alfredo: supongamos que la pobre Pamela tuviese a sus padres en la miseria y el amo le ofrece sacarlos de la pobreza si se convierte en su concubina... Que vayan a perder la casa, las tierras... convertirse en indigentes, y que si ella...
-Bueno, vamos a ver. Si los padres de la heroína son decentes no aceptarían que su hija se vendiera...
-Pero sus padres... bueno, igual podrían ignorar (o fingir ignorar) lo deshonroso del paso dado por su hija.
-O sea, que en esa novela, la tal Pamela defiende su honor porque el señorito no le ofrece nada. Si le ofreciera salvar la vida de tres mil negros...
-Probablemente no habrán sido más de doscientos o trescientos... ¿viste el reportaje de la tele? Mostraron incluso las tumbas de los niños que no pudieron recibir tratamiento por falta de donativos...
-Esas cosas no deberían mostrarse por televisión...
-Y en cambio pueden mostrarse exposiciones de joyas, lujosos puertos deportivos con yates inútiles...
-¿Y si me compro un yate? ¿Me odiarás por ello?
-Sabes de sobra que no puedo odiarte. No por eso. Eres un hombre normal.
-Pero eres condescendiente.
-Soy humilde, no condescendiente. No me siento superior a ti. No en la sociedad en la que tú vives. En la sociedad en la que tú vives yo no soy más que una chalada y una fanática. Pero tengo veintiún años, soy guapa y llevo a tu hijo en mi vientre.
-Joder, me voy a trabajar. Las conversaciones contigo me agotan...
-Que tengas un buen día... cariño.
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