ESTAR EN UN GRAN PROYECTO
-Usted es un caso peculiar en el movimiento conductista, porque afirma no ser creyente por temperamento. Usted no se considera pacifista, ni especialmente humilde o benevolente.
-Hago lo que puedo en este sentido. Pero no me sentí atraído por este movimiento por ninguna de las tres motivaciones típicas: ni me interesaba especialmente vivir en una sociedad no agresiva, ni me interesaba especialmente la práctica del altruismo y tampoco me interesa hacer un mundo mejor propiamente. Lo que me interesa es participar en un proyecto que lo va a cambiar todo.
-Lo va a cambiar todo para mejor...
-Será mejor en el sentido de que va a acabar con todo. Mi idea no es un mundo de bondad, de paz, de amor... Mi idea es obtener la máxima capacidad creativa del Homo sapiens trabajando en cooperación eficiente. Mi idea es alcanzar otras dimensiones, alcanzar el determinismo, vencer la entropía o sea... ser como dioses. El gran avance de la tecnología.
-Y eso se consigue poniendo la otra mejilla, asistiendo a ancianitos incapacitados, donando órganos o casando a bellas muchachas vírgenes con millonarios...
-Exactamente. Tremendo pero cierto. No me lo pienso perder.
-Si ahora surgiera una idea tecnocrática o transhumanista en otro sentido pero más prometedora en el sentido del progreso material...
-Pues allí iría de cabeza. Pero eso no va a suceder. Estos han dado en el clavo.
-Hace cien años usted podía ser un stalinista implacable...
-Sin duda. Stalin ganó la guerra mundial, Stalin creó el enorme Ejército Rojo y cuando murió, fue llorado por su pueblo porque lo había llevado a la grandeza. La Rusia de Stalin fue la que puso a Gagarin en órbita e hizo un montón de otros logros... Pero al final su sistema contenía errores técnicos graves. El principal problema técnico para el progreso es el ser humano. El marxismo no entendía la naturaleza humana. En el fondo era el rousseaunianismo más absoluto: acabemos con la propiedad privada y el "buen salvaje" dominará la tierra. ¿Cómo pudieron creer una idiotez semejante?
-Porque creían que el marxismo era ciencia y que, una vez fuera el capitalismo, las demás ciencias materialistas lo controlarían todo.
-Pero no tenían una ciencia de la naturaleza humana. La psicología marxista era gilipollas.
-¿Y la idea de santidad cristiana del conductismo no lo es?
-No. Tienen razón en todo. Es posible crear estrategias viables que permiten la interiorización de pautas de comportamiento de absoluta benevolencia. Yo lo estoy viendo cada día. Es posible controlar la agresividad si se selecciona a individuos motivados y se les somete a un condicionamiento consecuente. El núcleo monástico de la comunidad es sólido. Son santos auténticos. Ni reprimidos ni maquiavélicos. Interiorizan el rol y no son ni más ni menos felices que la persona promedio del mundo convencional.
-¿Usted es feliz?
-Estoy disfrutando como un cerdo en su charca. Es increíble la eficiencia en el trabajo que tienen, sus mecanismos de control, de toma de decisiones, su organización de la formación técnica. El nivel de productividad es altísimo.
-¿Y eso es suficiente?
-Eso lo es todo, amigo. La cooperación humana es eficiente si es productiva. Yo no sirvo, me quito de en medio. Yo sirvo si me ayudáis. Tú y tú, conmigo. Vosotros, a tal tarea... Al no existir el amor propio, ni la ambición personal, y al estar tan clarísimos los objetivos a alcanzar, esto funciona como un reloj. Nunca he visto nada igual. En seis meses, han formado a un técnico electromecánico. Ese técnico forma a veinte en otros seis meses... y así sucesivamente. El capitalismo es una chapuza comparado con esto.
-Entonces, es el socialismo...
-Es el anarquismo. El anarquismo como la más alta concepción del orden.
-Pero, por ejemplo, vale que no tienen amor propio ni ambición personal, ni competitividad ni agresividad. Pero un exceso de humildad, modestia o conformismo...
-Usted lo ha dicho: exceso. Eso es sobreactuación. Histrionismo.
-Pero ¿quién hace la crítica?
-Usted lo ha dicho: crítica dramatúrgica. Si hay dramaturgia, hay público y hay crítica.
-Vamos a ver, yo tengo una buena idea. La expongo. Me la critican. Reacciono con modestia y humildad, y entonces dejo paso a una idea peor...
-¡No! La crítica es siempre certera porque se limita a los hechos, nunca se dirige ni a la persona ni a cuestiones paralelas. Humildad viene a ser lo mismo que sentido evaluativo y estrategia de perspectivas intercambiables. Es verdad que a veces pueden excederse en su vigilancia del amor propio -que puede dar lugar a un exceso de humildad y modestia- pero el crítico también está en el mismo juego, y ambos cooperan para hallar el punto de encuentro. Es asombroso lo rápido que toman las decisiones correctas. Y, además ¡lo disfrutan! Es como el ajedrez, un juego de una gran limpieza técnica.
-Usted ha escribo varios libros... informes, detallando estos procesos...
-Y he diseñado esquemas para tomas de decisiones y organización de la división del trabajo. Funcionan como un reloj. Se lo digo: si llegamos a ser una persona de cada mil en el mundo (es decir, ocho millones de cooperadores eficientes) eso será suficiente para asegurar la alimentación, la vivienda y los cuidados médicos básicos del planeta entero. Casi nada. No me lo pienso perder, lo voy a disfrutar en primera fila.
-¿Se trata de crear una élite que domine el mundo?
-Ya vivimos en un mundo dominado por las élites económicas y políticas. La propuesta inicial del conductismo es crear una minoría que influya la evolución moral de la sociedad en su conjunto... en la línea con el monasticismo y los movimientos puritanos. Aunque yo creo que, debido sobre todo al poder de la tecnología actual, podría ser algo más que eso. Una vez tenemos una fórmula viable que permite la asociación productiva de los creyentes su poder económico puede, en cuestión de no mucho tiempo, alcanzar un peso real. Pero no puede ser una "élite" porque las comunidades conductistas están fuera del sistema y porque la práctica conductual de la humildad y el desapego de lo material no pueden ser controladas por las ambiciones de una supuesta "élite". Desde mi punto de vista personal, sí me siento parte de una "élite" de la civilización, de una vanguardia. Pero no dentro de este sistema, sino del que surgirá necesariamente a no muy largo plazo.
-Quizá entonces puedan de nuevo surgir élites de poder...
-En la sociedad prehistórica no las había: se practicaba un igualiltarismo coercitivo. En la sociedad poshistórica tampoco las habrá: se practicará una conducta basada en la asistencia y la afección a partir del cultivo de la humildad... y su sistema económico se basará en el altruismo.
-¿Considera que su conducta personal está dentro de las tendencias de humildad, modestia, caridad...?
-Eso para mí no supone ningún problema.
-Pero podría cambiar...
-Ya se lo he dicho: si surge una fórmula mejor... Pero cada vez me parece menos improbable. Y, por supuesto, yo prefiero seguir este camino ya iniciado.
-Supongamos que el movimiento conductista continua, ¿cual sería su papel?
-El que tengo ahora: organizador de factores de producción. Lo hago bien.
-¿Y está seguro de que su ambición personal no estorba su santidad?
-Mi ambición personal se basa en mi eficiencia dentro de un sistema basado en la santidad. Me gusta ser un santo porque eso me hace eficiente.
-¿En el incremento de la capacidad productiva?
-Y en las magníficas expectativas.
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