Comunidad dos apartamentos (estudiantes)

  Yo digo que la gente debe saber que existimos. La comunidad lleva ya unos meses funcionando en nuestra ciudad con unas veinte personas altamente comprometidas. Creemos haber alcanzado un estado emocional y un nivel de compromiso ideológico comparable a lo mejor de las religiones compasivas y al mismo tiempo haber evitado todos los problemas que representan las religiones.

Somos veinte personas y nuestras actividades se centran en dos apartamentos en barrios diferentes de la ciudad.

Uno de los apartamentos es una residencia particular. Aquí vivimos, con cierta estrechez, ocho personas. Dos de nosotros éramos propietarios y vendimos nuestra casa para enviar el dinero a caridad. Otros tres (incluida una niña) vivían en el apartamento que ahora está hipotecado para enviar también dinero a caridad. Dentro de cinco años nos veremos en la calle, lo hemos hecho deliberadamente. Hay cuatro personas que se han sumado a nosotros y no tenían casa propia. De los ocho, todos trabajamos y enviamos la mitad de lo que ganamos a caridad, vivimos con lo demás. En conjunto, enviamos bastante dinero que es cuantificado según los baremos de EA, y lo hacemos público porque forma parte de nuestro estilo de vida. A los ocho que vivimos aquí se suman cuatro personas que viven en otro lugar pero que están muy comprometidas y suelen estar por casa, donde el compartir ciento veinte metros cuadrados es importante para el estilo de vida. De momento estamos bien. Vivimos mucho mejor que el promedio de personas pobres de África. Así que, en total, doce personas están vinculadas a este apartamento.

   Los otros nueve son estudiantes que viven en un barrio próximo a la universidad. Estudian carreras que pueden ser fuente de ingresos para caridad pero también economía productiva. Todos sacan buenos resultados académicos, en buena parte porque se apoyan como grupo de estudio. Nueve comparten un apartamento de cien metros cuadrados, lo que es mucho.

Los fines de semana nos reunimos todos. A veces en parques públicos, dependiendo del tiempo. Durante las reuniones abordamos las cuestiones de conducta, las relaciones humanas y la acción altruista.

Los resultados son muy buenos. Todos nos sentimos gratificados y estamos de acuerdo en los temas conductuales. De los veintiuno que somos, hay tres o cuatro que llevan los temas doctrinales.

TESTIMONIO DE DIEGO, ESTUDIANTE

Dedico la mayor parte del tiempo a estudiar. Con esfuerzo y el apoyo de mis amigos, creo que en cuatro años estaré en condiciones de trabajar como ingeniero cualificado. Podré ganar dinero o hacer trabajo productivo cualificado.

Cuando no estudio, hablo con mis amigos sobre temas doctrinales, me expreso como individuo y me siento apoyado. Hago algo de deporte para estar sano. Durante el verano queremos trabajar y ganar dinero, quizá en la construcción o en la hostelería. También hablamos de eso.

Mi vida parece aburrida para la gente convencional, pero la veo muy adecuada a mi temperamento. Comparto dormitorio con un chico más. Nuestro apartamento tiene tres dormitorios. En uno dormimos dos chicos, en otro, otros dos chicos. En el más grande, las tres chicas. Hay dos chicos más que duermen en la sala, en el sofá y en un futón. Limpiamos y ventilamos para que el baño y la cocina estén de forma agradable. Vivimos con el dinero de las becas y ayudas familiares, contamos con un fondo de emergencias. Estudiamos ingeniería, medicina y odontología. Estudiamos en la biblioteca de la universidad o mantenemos silencio en casa. Es un ambiente de estudio.

  Normalmente, salvo por la noche, si queremos hablar salimos a pasear. De momento, no tenemos relaciones sexuales. Excepto dos chicas que tienen relación lésbica esporádica. 

  No leemos apenas nada fuera de nuestro material de estudio. Los fines de semana nos reunimos con el otro grupo. Por las noches hablamos de doctrina y la comunidad, tratamos de experimentar emociones "religiosas", de trascendencia, comunidad y afectividad. Creemos que lo conseguimos con discreción y evitando el histrionismo. Hasta el momento, nos parece que es una buena vida para nosotros y no vemos motivo para cambiar.

  El otro día le pregunté a mi amigo Fran si quería pasear. Salimos y había un buen lugar para pasear al aire libre, porque nuestra ciudad suele tener buen tiempo. Encontramos un lugar donde sentarnos.

  Le comenté lo que nos dijeron el otro día, los del otro grupo, sobre lo de que los "santos que hablan de Dios". Entendió la idea y dijo que juguetear con los símbolos de benevolencia es agradable, sobre todo si se hace en compañía. Le pregunté si tenía aspiraciones, me dijo que sí. Por lo tanto, me explicó que entiende la vida de estudiante como un periodo de espera, en parte. Le dije que yo me sentía pleno y satisfecho, y que temía que más adelante surgieran dilemas que me forzarían a tomar decisiones y que echaría de menos tenerlo tan claro.

  Él me dijo que ser estudiante estaba bien, pero que pensaba en hacer más cosas. Las aspiraciones de una persona, me dijo, consisten en conformar un entorno de confianza y afección. En el mundo convencional, el amor dentro de la familia. Me dijo que tenía deseos sexuales y que no sabía si podría ser un problema para él. Se sentía atraído por las tres compañeras, sobre todo una de ellas, muy atractiva. Aceptaba la regla de no solicitación.

  Le dije que el tema sexual podía enfocarlo de diversas maneras, tal como una vez lo hablamos en una reunión.

  Me dijo que él era demasiado inexperto. No había tenido ninguna relación sexual y no sabía qué iba a suceder si llegaba a tenerla. Podía quedar calmado o exaltarse más. Le fastidiaba no poder controlar ese tema como yo. 

  Le dije que la opción homosexual no me parecía muy bien, no era de mi gusto, pese a que para las chicas parecía más fácil. Él me dijo que tampoco le interesaba probar una relación homosexual -sexo de la pobreza- porque podría tener efectos psicológicos indeseables. Es la actitud habitual.

  Otra opción sería intentarlo con una mujer de fuera de la comunidad. Por Internet podían conseguirse citas. Todavía dudaba. Tal vez se calmara.

  Con independencia del sexo, consideraba que una vida en comunidad afectiva con compañeros creyentes, le parecía viable. Me dijo que sentía un fuerte afecto por mí. Le pregunté si tenía preferencias entre los compañeros. Me dijo que éramos nueve, tres chicas y seis chicos. En una reunión trató de razonar lo que le parecía antipatía por uno de nosotros. Resolvimos que no existía problema de la conducta. Se hablo del tema, se apeló a la humildad, la sencillez y el control del histrionismo. Existía una afinidad especial en algunos casos, pero no antipatía. Aparentemente, nuestra amistad es perfecta. Eso nos proporciona una gran ventaja sobre la gente convencional. No existe desconfianza y siempre hay apoyo mutuo, pero para que los amigos no se sentían acosados, practicamos cierto desapego intencionado. Hemos de aprender a estar solos, a no molestar y sentirnos humildes y contentos de no imponernos a otros. Todos anotamos por escrito cuando se nos ocurre algo que comentar.

  TESTIMONIO DE MIRELLA

  De las tres chicas, soy la que no mantiene relación lésbica. He observado que se debe a que mi aspecto físico es menos atractivo. Hemos hablado de esto. Es grave para una chica porque vivimos condicionadas por un mundo convencional que valora la mujer joven como objeto sexual. Como las relaciones sexuales son de tipo físico, el aspecto físico influye mucho. Yo siento que mis dos amigas, al mantener relaciones sexuales, cuentan con un solaz del que yo no dispongo. Lo acepto con humildad y lo he compartido con la comunidad.

  Aunque mi aspecto es mucho menos atractivo, podría dar placer a algunos chicos, ya que solo uno de ellos tiene una relación esporádica con una mujer convencional. Pero no se recomienda el sexo compasivo. De momento, pues, no hago ofrecimiento sexual. Todas las jóvenes nos vemos siempre acosadas por esta cuestión. Nos parece un poco demasiado habitual.

  Lo que más echo de menos es caminar por las montañas. Hemos organizado algunas caminatas por las afueras. Haciendo ejercicio también me hago un poco más atractiva, pero no mucho. Tengo buena amistad con los chicos. Nunca tuve amigos tan buenos. Trabajar la humildad, la benevolencia, el desapego y la amabilidad da buen resultado, sobre todo si se controla el histrionismo. A veces nos hemos reído de forma espontánea. Mis compañeras una vez bailaron. Fuimos a un parque, pusimos algo de música y bailaron. Un chico también bailó. Era algo espontáneo.

  Hemos logrado dejar algunos espacios de descanso al constante estudio. Pronto llegarán los exámenes y tenemos que concentrarnos bien y obtener las mejores cualificaciones.

  Uno de los compañeros considera que son muy útiles las comparaciones con las antiguas religiones. Algunas de las cosas que dice son interesantes. Yo dije que rezar podía estar bien. Él lo dudó. Pensé que rezar es como pensar. Las jaculatorias sí funcionan bien. Decir "amor y caridad" en lugar de "buenos días" hace efecto. Hay que aprender a sonreír con los ojos, de forma no histriónica.

  Nos sentamos y no nos decimos nada. Pero a veces alguien se saca un papelito de la riñonera (todos llevamos riñonera) y plantea un tema, una idea, una duda. No siempre tenemos que contestar. A veces no nos dice nada. Nadie se siente obligado a seguir la corriente. Y el que ha planteado el tema, con humildad, benevolencia y desapego, vuelve a guardar silencio. Estas cosas tan conductuales me gusta, porque me hace sentir que estoy en una comunidad.

  A veces vemos películas de tema religioso y corregimos lo que nos parece mal.

  Cuando nos reunimos con los del otro apartamento salen muchos temas de libros e ideas que no conocemos. Antonio, el anciano, es particularmente instruido. Es de gran ayuda. Antonio me ayuda a hacer ejercicio. Él no trabaja, así que dedica mucho tiempo a informarse sobre la comunidad, enviar mensajes, etc. Somos una "célula", como los comunistas. Me causa satisfacción que la comunidad crezca.

  Me he acostumbrado a sentarme junto a un amigo, un compañero y a veces le pregunto ¿quieres hablar? Y él me dice que no. No me siento rechazada porque tengo humildad, desapego y benevolencia.

  Cuando alguien dice: tenemos que hablar, es que pasa algo de importancia, relacionado con el apartamento o que el otro grupo.

  Ahora Antonio dice que podríamos intentar darnos a conocer en la calle, como los predicadores religiosos habituales. En algunas grandes ciudades se está haciendo, pero algunos piensan que la nuestra no es tan grande. Por otra parte, somos tímidos. Estamos esperando informes sobre si vale la pena hacerlo. Primero hay que tener en cuenta lo que otros han hecho y lo que han obtenido. En todo hay que ir paso a paso.

  En nuestra ciudad la gente apenas sabe de nuestra existencia. Se ha constituido una asociación humanitaria y tratamos de asistir afectivamente a los donantes de EA, que hay algunos. Ellos dudan de nosotros, dicen que somos una secta y podemos generar desconfianza. Debido a ello nunca decimos que formamos parte de una misma comunidad. En nuestra ciudad, apenas si hemos identificado a los donantes de EA y, hasta ahora, no hay vínculo afectivo, pero nos hemos ofrecido.

  Me gusta que la comunidad crezca. Somos veintiuno en nuestra ciudad. En nuestra región hay tres comunidades, una en cada una de las tres ciudades más importantes. Sumamos cincuenta y cuatro. Hay siete que están aislados, pero parecen muy activos por redes sociales. Hemos hecho una reunión virtual por zoom, y éramos sesenta. Parecía algo bastante estable. Antonio es el que organiza todo, ya que tiene más tiempo. Sesenta en nuestra región, quinientos en el país. Más de diez mil en el mundo, tantos como donantes de EA, de hecho, algunos donantes están con nosotros. Nosotros también donamos a caridad.

  De los diez mil, casi la mitad somos estudiantes. Según Antonio, en algunos países ya comienzan a ser más conocidos y EA comienza a creer en nosotros. Amor y caridad.


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