Cultural longtermism

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Longtermism and Cultural Evolution  - Aron Vallinder


https://www.vallinder.se/


the tools of cultural evolution can help us gain a better understanding of what the long- term future may look like and what, if anything, we can do to influence it. For some particular change to persist over long time spans, it must be able to successfully compete and survive the process of cultural evolution over that time span. In this way, cultural evolution can help us assess the feasibility of various proposed longtermist interventions. (p. 245)Longtermism and Cultural Evolution  - Aron Vallinder



today we find at least some of the values of almost any previous historical era to be defective if not outright horrifying. We should expect that future generations will look back on some of our values today in much the same way. For this reason, locking in the specific values we have today might be unwise.

(p. 248)Longtermism and Cultural Evolution  - Aron Vallinder

What mechanisms could be used to ensure that values, norms, and institutions that are in some appropriate sense better have greater chance to survive and spread? MacAskill suggests it would involve support for free speech so that a broader range of ideas get a fair hearing, relatively free migration so that people can vote with their feet, and international norms or laws preventing any one country from achieving decisive military and economic dominance and unilaterally locking in its goals. (p. 249)Longtermism and Cultural Evolution  - Aron Vallinder

Too little cultural variation could mean that some superior solution will never be discovered because it can’t easily be reached via recombination of current ideas.

(p. 249)Longtermism and Cultural Evolution  - Aron Vallinder





https://www.michael.muthukrishna.com/  




Minimal and Expansive Longtermism  Hilary Greaves and Christian Tarsney

2.5 Improving moral values and institutions

Finally (in our incomplete exploration), some longtermists have argued that we can greatly improve the far future in expectation by working to permanently improve either the moral values of human civilization (e.g., via ‘moral circle expansion’; see Anthis and Paez 2021) or the quality of our political institutions (see MacAskill 2022: 70– 96). Perhaps, for instance, we will eventually reach an equilibrium where one set of moral values is permanently ascendant, but multiple such equilibria are currently possible, and by careful moral reasoning and persuasion, we can positively influence which equilibrium is realized. Or perhaps we are in a similar situation with respect to forms of government. It might be that a world of liberal democracies, a world of totalitarian surveillance states, and a world of extractive quasi- feudal oligarchies are all stable and all currently possible long- term outcomes. In this case, interventions like promoting democracy might have enormous expected long- term benefits, by nudging humanity toward a better long- term equilibrium. A difficulty for these strategies is that these areas are very crowded: enormous numbers of motivated and talented people have been trying for thousands of years to influence human values and institutions, in hundreds of different, competing directions. There are also no clear mechanisms for long- term persistence of cultural or institutional improvements, as there is for an outcome like extinction. In addition, perhaps more than anything else we have considered so far, it seems nearly impossible to give any remotely objective estimate of the expected value of pursuing these projects, so the case for prioritizing them will depend very much on ‘squishy’, subjective probabilities, with plenty of space for reasonable disagreement.20 We find ourselves correspondingly very uncertain about the longtermist case for trying to permanently influence values or institutions.(pag 324) Minimal and Expansive Longtermism  Hilary Greaves and Christian Tarsney

https://www.christiantarsney.com/

https://users.ox.ac.uk/~mert2255/  HILARY


  Entre la densa colección de ensayos de largoplacismo encontramos muy poco espacio para la cuestión de la evolución cultural y nada para la idea del proceso civilizatorio ya esbozado por Norbert Elias y hace no mucho recuperado por Steven Pinker. Esto resulta especialmente sorprendente en el contexto de una colección de reflexiones inspiradas por la adhesión al altruismo como base de un movimiento social.

  Una visión largoplacista inspirada por el altruismo lo lógico sería que considerase el fenómeno innato del altruismo en la conducta social humana como una tendencia cultural a largo plazo relacionada con la prosocialidad. Lo prosocial implica el fomento de la cooperación humana como mecanismo prioritario inequívoco para el incremento del bienestar. Es una realidad innegable que, mientras que todos los demás animales sociales se ven abocados a disputarse unos recursos escasos (juego de suma cero), el Homo sapiens, mediante la cooperación, puede incrementar los recursos económicos hasta el infinito. ¿Qué plan largoplacista puede ser más obvio que promover hoy las condiciones sociales (elaboración de recursos culturales) para el incremento gradual de la capacidad humana para la cooperación? ¿Y qué conexión más clara podría haber con el altruismo que es, de todas las opciones prosociales, la que más garantiza la cooperación eficiente?

  Debería hacerse un ejercicio especulativo acerca del desarrollo de fórmulas sociales eficientes basadas en el altruismo que puedan partir del momento presente (del que el movimiento EA forma parte) y que puedan alcanzar hasta el lejano futuro del que trata la cuestión largoplacista.

    Durante siglos la humanidad ha buscado la forma de controlar el comportamiento antisocial y el largoplacismo más lógico y menos prejuicioso debería considerar esta tendencia como la clave del "problema humano" por excelencia. 

    Un movimiento que aspire a un sistema económico basado en el altruismo tiene que considerar el desarrollo humano como un proceso de evolución moral (evolución cultural) que, básicamente, es un proceso de control de la agresión y de fomento de la cooperación. No hay nada milagroso ni mítico en el comportamiento benevolente del que se origina la economía altruista. La benevolencia es un tipo de prosocialidad innata que gratifica al individuo que experimenta sentimientos empáticos. Se puede experimentar cuando jugamos con nuestros hijos pequeños... pero también, más artificiosamente, cuando leemos una novela moralista bien escrita (Dickens o Dostoievsky). El cultivo de la benevolencia puede llegar a extremos muy sofisticados a lo largo de la evolución cultural. Las llamadas "religiones compasivas" fueron una estrategia que llevó a ciertos logros... pero cuyas limitaciones todos conocemos hoy. Hasta ahora, no ha existido ningún movimiento social racionalista centrado en el cultivo de la benevolencia con vistas a incentivar la motivación altruista. 

   No parece probable que la motivación altruista generada por la sociedad contemporánea, tal como existe hoy, pueda cambiar el mundo. El compromiso altruista es exigente y las compensaciones emocionales de la benevolencia tal como se dan hoy no parecen bastar para incentivarlo. Pero si atendemos a la experiencia histórica de la evolución moral y las posibilidades culturales del cultivo de la benevolencia como estilo de vida podemos encontrar claves que facilitarían un aumento de la motivación altruista. La visión largoplacista (un radiante porvenir "radiant future") puede ser muy orientadora pues la meta a alcanzar tendría que ser proporcionada a los medios para hallarlo (al contrario de lo que sucede con el socialismo). Un "paraíso de la benevolencia" enriquecido por la evolución cultural daría lugar a una economía totalmente basada en el altruismo.

El parecido de un proceso de evolución cultural de este tipo (promoción de un estilo de vida basado en el cultivo de la benevolencia para motivar la acción altruista) con las "religiones compasivas" del pasado no debe inquietarnos porque todo proceso evolutivo es, de forma necesaria, "copia más modificación" y porque las definiciones más sensatas del fenómeno religioso -como la de Geertz- no consideran necesario el elemento sobrenatural. 

   Para desarrollar el altruismo gracias a la mejora del comportamiento con la ayuda de creencias emocionalmente motivadoras (moralidad interiorizada, autonomía moral), hoy disponemos de un universo de estrategias de todo origen para la motivación que pueden seleccionarse mediante prueba y error. Por encima de todo, se trata de dar lugar a una minoría influyente que facilite el progreso moral de la sociedad convencional en su conjunto. 

  No es utilitarista ignorar esta posibilidad cuando no hay una opción mejor e intentarlo no costaría nada.


  

  


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