Systemic Change
Of course, it’s perfectly plausible that there are ‘systemic’ interventions that
those in the effective altruism community are neglecting.p. 24
Regarding global poverty in particular, there is reason to believe that the prospects for systemic change initiatives are greater than the movement has recognized hitherto. (…) The movement (…) should recalibrate its preference for technological solutions to global poverty over political solutions p. 112
EFFECTIVE ALTRUISM PHLOSOPHICAL ISSUES - 2019 https://academic.oup.com/book/32430
Es un grave error considerar que todo "cambio sistémico" en el sentido de iniciativas para disminuir el sufrimiento, debe basarse en medidas políticas. Las posibilidades de cambio sistémico que la comunidad EA debería considerar sobre todo serían las derivadas de las mismas peculiaridades únicas del movimiento EA. Y estas implican un cambio social no político.
EA es el primer movimiento por el cambio social que se basa en el desarrollo de un rasgo de conducta, propiamente el altruismo (podría ser incluso un caso de "ideología de la conducta"). A diferencia de la mera prosocialidad (que puede basarse en la reciprocidad de los intereses materiales de cada uno https://en.wikipedia.org/wiki/Prosocial_behavior), el altruismo requiere una motivación. Se basa, como toda motivación, en el auto-interés... pero no de tipo material ni tampoco de "realización social" convencional ("honor", "prestigio", "dignidad"). El auto-interés del altruista es de tipo emocional y subjetivo (por ejemplo, el mero "sentirse bien" al llevar a cabo la obra altruista).
El cambio sistémico coherente con la originalidad de la existencia de un movimiento por el cambio social basado en un rasgo de conducta habría de ser el desarrollo completo de un modelo de conducta como alternativa cultural. Aparentemente, la actitud de EA con respecto a la naturaleza de la motivación altruista es de indiferencia. La motivación altruista se produce, simplemente, por cualquier causa. De momento, sin embargo, no hay muchos altruistas eficaces. Diez mil han firmado el GWWC Pledge. Eso es poco.
La buena intención de intentar convencer al mayor número de individuos de que obrar altruistamente es propio de "personas normales" parece poco prometedora. Y no es nada original. Hace ya bastante tiempo que oímos decir que practicar el altruismo no ha de ser obra de fanáticos religiosos ni de maniáticos obsesivos, sino de personas felices, alegres, incluso hedonistas y "pecadoras". Uno pensaría que al aspirar al interés de un universo tan poblado de potenciales altruistas se obtendrían buenos resultados en promover la motivación. Pero no solo esta táctica parece ineficaz, sino que si uno lee retratos realistas de altruistas actuales, como en "Strangers drowning", lo que encontramos son estilos de comportamiento poco atractivos desde el punto de vista convencional.
Las "personas normales" difícilmente van a asimilar una motivación que implica autosacrificio, desprendimiento, cambio de hábitos y aislamiento, más allá de loables excepciones. Si EA no es consecuente con los cambios psicológicos que implica la motivación altruista en general nunca "despegará" hasta convertirse en una fuerza moralmente influyente por el cambio social no político. Por otra parte, no se debe caer tampoco en la exageración de los rasgos sombríos de lo que es el compromiso idealista. Un ser humano puede ser feliz de muchas formas. Un ser humano puede ser de un temperamento muy diferente el uno del otro. Un ser humano puede evaluar su propio temperamento, sus propias potencialidades, sus aspiraciones y su propia capacidad para adaptarse a un entorno. Necesitamos más opciones y un planteamiento más realista con respecto a las motivaciones que de forma necesaria reflejan un auto-interés.
En suma, si queremos más motivación altruista, ésta debe hacerse más atractiva. Y el camino del altruismo a gran escala no es el del estilo de vida convencional. Sería estupendo que la "gente normal" cambiase repentinamente de hábitos de consumo material y se dedicara al altruismo como quien se dedica a los negocios, a la práctica deportiva o a una carrera profesional, pero mientras esperamos tan improbable prodigio (que a mí me parece, por su irrealismo, comparable a los prodigios que anuncian las creencias teístas) sería mucho más útil considerar lo que sabemos de la experiencia humana a la hora de participar en vivencias -"espirituales" o "trascendentes"- de ruptura social. Una comunidad humana dedicada al perfeccionamiento moral motivador del altruismo podría convertirse en una apasionante aventura vital para cientos de miles de personas sensibles y creativas. Sería una minoría... pero mucho más nutrida que la de los diez mil firmantes de GWWC Pledge. Si se me permite la comparación, apelando a la "gente normal" estáis echando el anzuelo en un estanque con muchos peces, pero no picará ninguno con el cebo que le ponéis. Yo propongo que echéis el anzuelo en un estanque con menos peces, pero que sí podrían picar. O si queréis otra comparación, EA ahora mismo, desde el punto de vista de la motivación es como el just say no de Nancy Reagan en 1980 (just donate). Pero todos sabemos que desde el punto de vista de la psicología social la campaña just say no fue un fiasco.
EA necesita no "personas normales", sino "santos". Santos que sean felices en su peculiar estilo de vida dedicado a la benevolencia, al idealismo moral antiagresivo y a la obra altruista, que puedan generar grandes cantidades de bienes y prestaciones con fines humanitarios y que con su obra y estilo de vida puedan influir en un sentido prosocial a la sociedad convencional (como los monasterios en la Edad Media o los cuáqueros en Nueva Inglaterra). Por otra parte, los altruistas "convencionales" pueden coexistir perfectamente con los altruistas "santos". En un tipo de creencias marcada por los resultados obtenidos (de obra altruista) mientras más herejías mejor.
Partiendo de un perfeccionamiento racionalista del viejo modelo de las "religiones compasivas" encontramos que la felicidad de los santos se elabora a partir de diversos elementos de conducta todos no solo compatibles sino también motivadores del altruismo: la satisfacción moral de hacer el bien inequívoco; la vivencia de una comunidad humana de extrema confianza con agresividad cero o cercana a cero; los bienes afectivos de la benevolencia (directamente relacionada con el altruismo); el esfuerzo común en buscar la armonía en el comportamiento, fomentando la humildad, venciendo el amor propio y mejorando la elaboración de argumentos racionales; la creencia en una concepción del mundo armoniosa, lógica y estable; el desarrollo de habilidades sociales eficaces (evitar el histrionismo); el compartir una tarea común inequívoca (misión) en la capacidad para influir en la mejora moral a nivel universal (la comunidad moral no está cerrada a los demás individuos: comunidad de testimonio).
Hoy en día, un estilo de vida semejante (cuya concreción exacta es, por supuesto, imposible de imaginar hoy) puede hacer uso de estrategias modernas desconocidas por las antiguas "religiones compasivas", como el coaching, la psicoterapia o incluso la técnica dramatúrgica, que se seleccionarían mediante prueba y error (mientras más herejías, mejor). También puede guiarnos en alguna medida lo que sabemos de la vivencia emotiva de la militancia política, igualmente absorbente y apasionante para muchos y en la que las experiencias de trascendencia y elevación nunca han tenido nada que ver con las tradiciones de lo sobrenatural. La misma experiencia creativa de las artes puede comunicarnos muchos elementos positivos relativos a la psicología de la devoción motivadora.
En suma, se debe ser realista en cuanto a cómo se elabora la motivación para el cambio de estilo de vida que va necesariamente vinculado al sacrificio y al cambio de paradigmas. Recordemos que no se trata de crear una opción que atraiga a la gran mayoría porque eso sería inviable dado el estilo de vida convencional. Pero recordemos también que, dada la productividad del esfuerzo económico hoy, el que un estilo de vida de esta índole atraiga a una persona de cada mil (¡o de cada diez mil!) podría cambiar el mundo totalmente. Solo como indicación, el número de religiosos católicos -vida nada convencional- en el mundo es de más de un millón de personas. Imagínese todo el bien que podrían hacer en el mundo si su devoción y su estilo de vida no convencional se derivase al altruismo eficaz.
Desde el punto de vista del Altruismo eficaz, la caridad de la Iglesia Católica no es válida porque su motivación es defectuosa: se obra caridad por mandato sobrenatural -irracionalismo- o, sobre todo, para prestigiar la Iglesia Católica misma, como entidad política que es fin en sí misma. Lo mismo puede decirse del idealismo socialista: el objeto del altruismo que un socialista pueda hacer es el que apunta a contribuir (mediante la propaganda, la reputación) al cambio político (poder político).
Alguien podrá decir que por eso mismo el altruismo genuino debería estar motivado exclusivamente por el logro cuantificable a alcanzar (QALYs y similares) y no por el auto-interés del agente altruista en disfrutar de un particular estilo de vida que le resulta atractivo. Pero es que las posibilidades de que este modelo -igualmente basado en el autointerés, como toda motivación- sea viable son escasas a la vista de la experiencia. Y si estamos hablando de utilitarismo resulta necio no intentar otros caminos más coherentes con la experiencia pasada de otros movimientos sociales en los cuales el altruismo ha sido un elemento importante (las "religiones compasivas" especialmente, aunque no es el único caso). Evolución es "copia más modificación".
El primer paso habría de ser tan solo hacer el experimento mental de imaginar esta nueva situación. ¿Qué son los "cambios sistémicos"? ¿Qué es la evolución cultural, moral, civilizatoria? ¡Las cosas tienen que cambiar! ¡Necesitamos hacer algo!
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