Teatro
PERSONAJES
ANTONIO- Anciano pobre, ideólogo
HAMID- Albañil de origen marroquí. Héroe
LAURA- Chica obesa, poco cualificada
PEPE- Hombre maduro fracasado, poco cualificado
DOMINGO- Alto funcionario jubilado
CARMEN- Alta funcionaria jubilada, esposa de Domingo
Durante un minuto, permanecen sentados, sin hablar
ANTONIO- Quiero aprovechar este momento para traer a colación un elemento de casuística. Lo tengo aquí anotado en este papelito, y, además, de memoria, recuerdo que aparece también en una novela conocida.
LAURA parece que va a hacer un comentario, pero cierra la boca tras abrirla
ANTONIO- El caso es el siguiente, que suele darse. Yo tengo una inquietud, algo que deseo consultar con alguien de mi confianza, cuya opinión y proximidad valoro. Y entonces le pido que, por favor, vayamos un momento a hablar. Pero una tercera persona se da cuenta de que queda excluida de este... contacto... o aproximación de confianza. Y se siente herida por ello. ¿Puede resolverse este problema con humildad?
HAMID- Por supuesto. Hay muchas cosas que influyen. No es ofensivo que en determinado momento una persona nos despierte más confianza que otra.
LAURA- Claro, también. Pero es normal que una persona se sienta aunque sea mínimamente herida.
CARMEN- Recuerdo aquello que dijiste una vez, que es un poco como esto, de una vez que tuviste una relación con una mujer, os separasteis y ella te contó por teléfono que había tenido una relación eventual, un "ligue", con otro tipo y sentiste una punzada de celos.
ANTONIO- Sí, saco a menudo este tipo de temas. Pero puede dar lugar a una discusión más amplia... lo tengo apuntado en el papelito... Porque hay dos opciones: una es admitir, con humildad, que a veces las relaciones personales nos hieren... y que ese ligero dolor no debe enturbiar una relación mutua de benevolencia y confianza; la otra opción es que debemos, como diríamos... un poco como los campeones de tenis en los grandes partidos... no dar nunca un punto por perdido. Es decir, debemos esforzarnos en que ni siquiera en esos casos excepcionales se produzca dolor.
HAMID- Pero eso es como a veces nos critican: que nos volvemos obsesivos. Tampoco es eso.
DOMINGO- Hay personas que son de trato menos atractivo. Lo importante es que nunca haya voluntad agresiva, que haya siempre humildad, confianza y comprensión. Yo no lo encuentro tan difícil.
ANTONIO- Aquella relación que os comenté... fue la única relación con una mujer que tuve en mi vida... y duró poco. Uno de mis mejores recuerdos es cuando nos separamos y ella luego me contó eso, que estuvo con "otro tío". No nos habíamos comprometido ni nada, ella no tenia ninguna obligación de fidelidad... y yo creo que reaccioné bien, le dije algo así como "ah, qué bien", aunque sin mucho entusiasmo. Luego reconocí la punzadita de celos y desde entonces la recuerdo como un pequeño éxito.
LAURA- A mí me gustaba aquella historia que comentabas de la estación de autobuses.
CARMEN- ¿Qué historia de la estación de autobuses? Yo no la recuerdo...
ANTONIO- La contaría un día que tú no estuvieras... Me gustaría que la contara Laura... así puedo comprobar cómo la recuerda ella... Fíjate que a lo mejor yo, que lo viví, no la recuerdo bien... Laura... vete a saber lo que recuerda...
LAURA- A ver... A mí me gustó cómo lo contaste. Tú eras joven y te ganabas la vida haciendo trabajos... de muy bajo nivel...
ANTONIO- Trabajos "meniales" sería una descripción apropiada del caso... Es un anglicismo pero no hay equivalente en lengua española. Continua...
LAURA- Eso es. Eras pobre... e indigno, como sueles decir... Tenías ahora un poco de dinero ahorrado que te permitía apenas vivir... y fuiste a la estación de autobuses a comprar un billete para volver a casa desde el lugar donde habías hecho ese... trabajo menial... Contabas que era un lugar feo, incluso con mal olor, donde había gente pobre, de aspecto triste... también se refugiaban allí vagabundos... Como en aquella época había muchos robos, la chica de la compañía de autobuses que te vendió el billete estaba detrás de una mampara de plástico y te daba el billete por una pequeña apertura por la cual tú antes había pasado el dinero...
HAMID- Eso es. Recuerdo bien la historia...
LAURA- Una vez tuviste el billete, entonces la chica hizo algo que te sorprendió. Abrió una puertecita que la comunicaba con... digamos... el mundo exterior y, con una sonrisa, te regaló una gorra con el logotipo de la empresa de autobuses.
HAMID- Fue amable...
LAURA- Tú le diste las gracias y ella se volvió a meter adentro.
ANTONIO- Ésa es la historia. Pienso que algo en mi gesto, en mi trato, la incitó a regalarme la gorra. Una gorra para publicidad. Pero podía no habérmela dado. Debí de darle pena. Algo en mí debió de darle pena.
HAMID- Sin duda, la forma en que le pediste el billete y entregaste el dinero...
LAURA- Al contar esa historia, dijiste que aquello fue como "un átomo de bondad".
CARMEN- Una historia bonita. Sobre todo por lo insignificante. Lo significante de lo insignificante...
ANTONIO- Recordad la frase de Groucho Marx: "salí de la pobreza y llegué a la más absoluta de las miserias". Starting from nowhere, we reached the highest levels of misery
LAURA- No significa exactamente lo mismo, pero se entiende.
ANTONIO- Pero también la miseria tiene su encanto. Está la miseria moral, que se asocia a la moral de los esclavos: cobardía, traición, resentimiento, envidia, rapacidad... Creo que eso era de Nietzsche. Pero si se vive en la miseria, en la indignidad y se cultiva la benevolencia, la excelencia de la humildad, el altruismo y el afecto, entonces...
HAMID- Me atrae ese tipo de miseria... Es curioso, porque yo, para muchos, soy una especie de héroe. Cuando me vine aquí... no sé si os lo dije... pero un hombre en aquel pueblo, un empresario, con el título de aparejador, quería asociarse conmigo... Me hizo un plan realista de cómo podía enriquecerme en poco tiempo. Me sentí muy orgulloso de que a mí, un inmigrante marroquí, me hiciera esa proposición. Y eso me decidió a venir aquí. No quise aceptar su oferta.
DOMINGO- No, eso no nos lo has contado.
HAMID- Como sabéis, yo llegué heroicamente a Europa, arriesgando mi vida, consciente de que, si lo lograba, sería algo de lo que siempre estaría orgulloso. Llegué siendo menor, con la expectativa de aprovechar los beneficios sociales de Europa para incluso emprender unos estudios universitarios... Pero luego acepté trabajar de albañil, debido a los altos salarios... envié dinero a mi familia y luego logré traer a Europa a una docena de familiares míos: todos consiguieron trabajo, vivienda y documentación... Cuando os conocí estaba en esa localidad, ganando bien... barajando opciones. He sido lo contrario que tú, Antonio: un hombre capaz, joven... con expectativas... y ahora he elegido la miseria.
ANTONIO- Eres un caso poco frecuente.
LAURA- Yo, en cambio, soy un caso frecuente: una chica gorda que ha entrado en una secta para adelgazar. Ya he perdido diez kilos.
CARMEN- La dieta vegana ayuda...
HAMID- Tengo la idea de que, en poco tiempo, cuando asimile, entre otras cosas, el conocimiento de Antonio, podré hacer grandes cosas. Quizá ser un líder. Un líder en un movimiento que carece de ellos. Pero eso lo hace todo más valioso.
ANTONIO- Has reconocido la razón. La razón en marcha.
HAMID- Tiene atractivo.
DOMINGO- ¿Tiene algo que ver con el Islam?
HAMID- No. Lo bueno del Islam es el silencio, la sumisión... Es un poco como la disciplina militar.
ANTONIO- A Gandhi le gustaba la disciplina militar. El autosacrificio, la autodisciplina...
HAMID- Desde luego, es atractivo. Pero tienes razón, Antonio: la razón en marcha. Produce un intenso placer tener razón.
ANTONIO- ¿Solo tener razón...?
HAMID- Sí... Todo esto de la bondad, la benevolencia, la humildad, el sacrificio, el cuidado mutuo, el consuelo... Todo esto que es... para personas débiles... como tú mismo, Antonio... Es la verdad. Somos débiles. Los fuertes, como yo, no somos representativos. El mundo no es así. Yo podía haberme quedado con ese empresario y creo que en poco tiempo me habría hecho rico, con proyectos, con construcciones, con créditos, con pagos, con sociedades... O podía haberme metido en política. O, simplemente, después de haber acomodado a toda mi familia, ponerme a estudiar, para ser ingeniero, arquitecto...
LAURA- Nos contaste que una mujer de Madrid se ofreció a mantenerte mientras estudiaras...
HAMID- No me exigía ni serle fiel, ni nada... Solo "tratarla bien"... pero yo trato bien a todo el mundo... Quizá por eso os elegí a vosotros. Escuchad: tengo una idea... No sé si Fran y tú sabéis algo de esto por Internet... ¿Qué os parecería animar a la gente a vivir en la calle, en campamentos como los de los vagabundos... solo que limpios, ordenados y nada amenazadores? El objetivo sería ahorrar mucho dinero en alojamiento, dinero para enviar a caridad... Igual que Domingo y Carmen vendieron su apartamento para venirse a vivir aquí... en "piso patera".
DOMINGO- Pero sería muy malo para la salud...
HAMID- No, realmente no. Si se hace bien, no. En África, en mi país y en países peores, mucha gente comparte espacios pequeños, veinte personas juntas, sin agua corriente... En una ciudad como esta, con el clima templado, podemos poner una tienda de campaña...o aprovechar algún tipo de soportal... Dormir dentro de un saco de dormir bien abrigado en invierno... Luego, la gente nos dejaría ducharnos en sus casas... nos traerían comida caliente, nos lavarían la ropa... Así las personas cooperarían... eso llamaría la atención y nos expondría a la gente, a que se interesase por nuestro movimiento. Y no sería un mero... espectáculo... porque los precios de las viviendas son muy altos.
ANTONIO- Además... podría influir en quienes ya viven en la calle... La influencia de las minorías afecta a todos los niveles... La teoría de las ventanas rotas... Si unos vagabundos que viven en la calle son limpios, ordenados y de buenos modales...
HAMID- ¿Ves? Puede ser una buena idea... como lo de donar órganos en vida.
ANTONIO- Bien, pero antes de lanzarte a la calle, déjame que consulte por Internet... Ahora mismo no recuerdo que nadie haya propuesto lo de vivir en la calle.
LAURA- Qué maravilla, igual Hamid ha tenido una gran idea... Hamid ¿tú has vivido en la calle?
HAMID- Alguna vez he dormido en una estación de tren... pero en la calle no he llegado a dormir. El mismo día que llegué a Europa fui a la policía y me metieron en una celda. No me encerraron... al día siguiente ya estaba en un Centro de menores.
DOMINGO- Qué momento debió de ser... Nunca nos lo has contado en detalle...
HAMID- Ah, sí... qué sensación... Estaba amaneciendo y yo me decía: "veo la costa... sí, veo la costa..." Aún había luces. Farolas, lo que parecía una fábrica... Di con una zona de rocas... las rocas me golpeaban un poco... pero... con qué amor sentía la dureza de las rocas de Europa... Diez horas nadando, Dios mío, se me había acabado la comida y el agua, comenzaba a sentir frío, pero... sí, sí...
Entra Pepe mientras Hamid parece embelesado recordando su historia
PEPE- Hola ¿interrumpo?
HAMID- Estaba presumiendo de mi historia.
ANTONIO- Una historia épica. Ya te pediremos de nuevo que nos la cuentes. ¿Qué tal el día, Pepe?
PEPE- Un trabajo tonto, ya sabéis. Estoy cansado y no sé por qué. En realidad, de vigilante no hago nada. (Se sienta) Debería dejar este trabajo. Es como de policía, aunque yo lo haga muy mal. Es represivo. Igual alguien me daría trabajo de camarero, aunque no lo haya hecho nunca.
DOMINGO- Yo creo que puedes hacer ese curso que dice Hamid. Solo serían seis meses.
PEPE- Sí, si tú crees...
HAMID- Me informaré. Ya verás, puedes hacerlo de tal manera que en poco tiempo habrás recuperado el dinero. Yo mismo te ayudaré a aprobarlo. Y es una profesión técnica.
PEPE- Nunca me han ido bien las cosas. Un poco como Antonio. Aunque Antonio ya ha terminado.
ANTONIO- Con un poco de apoyo, tú no cometerás mis errores. Te cualificarás para ganarte mejor la vida.
PEPE- Mientras más dinero gane, más enviaré a caridad. Trabajar me cansa, me molesta...
LAURA- Y a mí...
HAMID- A mí me cansa físicamente, pero emocionalmente está bien.
ANTONIO- ¿No te sientes extraño, por tus creencias, en un entorno un tanto... primitivo... como es el trabajo de la construcción?
HAMID- No... con mi aspecto, mi cualificación... no. Es un entorno opresivo, incluso agresivo... nunca escasean los trabajadores con antecedentes penales, que han estado en la cárcel... pero yo me manejo bien en ese entorno.
PEPE- El trabajo siempre es fastidioso...
DOMINGO- No. Mi trabajo, en general, no lo era. Siempre puede surgir un conflicto, pero yo era un alto funcionario, tenía una secretaria... No se puede comparar... a los trabajos "meniales", como dice Antonio.
HAMID- Es un hecho cierto: nuestro movimiento atrae a personas poco atractivas, con pocos... como se dice... pocos "costes de oportunidad".
ANTONIO- Es lógico que así sea. Incluso el Evangelio refleja que a Jesús lo criticaban por el poco nivel de sus primeros seguidores. Ignorantes, pecadores... También hay un testimonio, no me acuerdo de si de Plinio o Tácito, contando que los primeros cristianos eran de bajo nivel social.
HAMID- Eran representativos de la sociedad...
ANTONIO- Yo creo que un poco menos... Eran "chusma", eran eso que luego se llamó "lumpenproletariado". Es lógico que haya muchas personas, que se sienten marginadas y despreciadas, y por ello se sientan atraídas también por un colectivo donde se practica la humildad, la caridad y el consuelo.
HAMID- Los motivos personales...
ANTONIO- Los motivos personales que siempre se han rechazado en la militancia política. Uno debe movilizarse por su convicción moral de tomar la opción justa. No por sus circunstancias personales.
HAMID- Lo cual es más bien hipócrita... Todos somos personas. Me gusta eso que dices de que yo soy "superior" a Pepe o a ti, en tanto que estoy muy capacitado para el trabajo, soy inteligente, incluso carismático... Antes, por humildad, negaba eso... Decía eso de que soy un pobre moro inmigrante que trabaja en la construcción... Pero no es verdad. Trabajo en la construcción porque era la forma en que, con dieciocho años, podía ganar bastante dinero y traer a mis parientes a Europa. Yo era un héroe. Podía haber sido siéndolo. Incluso se me dan bien las mujeres, y no soy Omar Sharif precisamente.
LAURA- Tienes un aspecto muy masculino.
HAMID- Parezco un bruto... Eso que os dije de esa mujer... ¿sabes cuántas veces una mujer me ha llevado a su casa y antes de entrar me ha preguntado, con una vocecita atemorizada, si "le voy a hacer daño"?
LAURA- Qué extraño...
HAMID- No tanto. A muchas mujeres les gustan los hombres masculinos, los brutos que trabajan en la construcción... pero luego se asustan. Cuando luego comprueban que soy todo un caballero... Bueno, se quedan desconcertadas...
LAURA- Eres un héroe...
HAMID- Eso es. Y elijo estar con vosotros, que sois... meniales...
ANTONIO- Porque sabes que estás en el lugar correcto.
HAMID- Pero los tipos esos universitarios, de Oxford o Stanford... no lo saben.
ANTONIO- Poco a poco están cambiando. Las personas más inteligentes, los más cualificados... tienen muchos "costes de oportunidad"... constantemente les ofrecen opciones: ganar dinero, ser artistas, la élite profesional, la política... Lo nuestro... requiere todavía más "rodaje". Las extravagancias nos ayudan... vender las casas para hacer caridad y luego compartir viviendas con estrecheces... un poco como en el Tercer Mundo... Donar órganos en vida... Y ahora tú propones vivir en la calle para ahorrar más dinero...
HAMID- Domingo y Carmen ya salieron en la tele cuando vendieron su casa. Después los acusaron de querer presumir... pero era necesario para que otras personas tomaran su ejemplo...
CARMEN- Nosotros no fuimos los primeros. Nos sumamos a la moda...
HAMID- Lo de dormir en la calle puede estar bien...
ANTONIO- En uno de mis trabajos meniales estuve casi dos meses trabajando y durmiendo en la calle. Y en aquella época la gente lo encontraba normal. Nadie me ofreció un lugar donde dormir. Si duerme en la calle... pues que duerma en la calle...
HAMID- Ahora mismo duermo en este sofá. Es mejor que la calle, pero...
LAURA- ¿Y si una mujer te ofreciera dormir en su cama?
HAMID- Habría que considerar todas las circunstancias... Las mujeres... generáis muchas veces actitudes de apego... os "enamoráis"... algunas.
LAURA- Todavía yo no te he pedido nada.
HAMID- No...
ANTONIO- El tema sexual ya se discutió: no solicitación masculina y vale. No sexo por compasión, y vale.
PEPE- No se puede ignorar cómo algunas personas se obsesionan a veces por el sexo. Yo he pagado prostitutas.
LAURA- Pero ya no volverás a hacerlo.
PEPE- Ya... pero los pensamientos. Es como lo de ser vegano. Todavía me atrae la carne...
ANTONIO- Eso es normal, no pasa nada.
LAURA- Como lo de los celos... o el problema parecido que nos planteaste al principio
ANTONIO- Casuísticas...
OTRA ESCENA. PASEANDO POR UN PARQUE
PEPE- Yo creo que está bien eso de tener más confianza con una persona que otra. Yo tengo más confianza contigo que con Hamid o con Domingo. O Fran, claro.
ANTONIO- Los dos somos lumpenproletarios, personas de muy bajo nivel social. Apenas por encima de los mendigos.
PEPE- Pero no sé si, si mi vida mejorara, me quedaría aquí o...
ANTONIO- Normalmente, la gente aspira a encontrar una chica, formar una familia... tener un grupo de amigos...
PEPE- ¿Tú no?
ANTONIO- Cuando me di cuenta de que yo no tenía talento... Nunca he gustado a las mujeres y la gente siempre me ha encontrado aburrido. Aquí soy feliz. Ahora soy viejo, es el final de mi vida... pero he tenido suerte. Tú tampoco eres muy joven, pero...
PEPE- Probablemente no... Sin embargo, me gustaría vivir mejor. Ahora Hamid habla de irse a vivir a una tienda de campaña.
ANTONIO- Es una buena idea. Rompe un prejuicio. La verdad es que las viviendas en las que habitan cientos, quizá miles de millones de personas en el mundo... son mucho peores. Yo tal vez lo haga también.
PEPE- Tú una vez me hablaste de una comuna, en la que tenían cocina común, comedor común... pero cada uno tenía su propia habitación... pequeñita, pero...
ANTONIO- Pues eso lo podemos arreglar. Es verdad que ahora mismo es difícil, porque Laura duerme con la niña, Domingo y Carmen son matrimonio, y luego están Fran y Elena... Pero si Hamid se va a vivir a una tienda, y yo también, entonces te quedará más espacio. Es muy justo que ese sentimiento de privacidad... bueno, lo encuentro un deseo muy razonable.
PEPE- Ahora pronto va a empezar a llover, yo no puedo seguir durmiendo en la terraza...
ANTONIO- Tu deseo es muy justo. Pero, de todas formas, si te quedas en el comedor... sigue siendo dormir en el sofá...
PEPE- Sí, no es lo mismo... Realmente no sé qué hacer. Soy un desgraciado...
ANTONIO- Pero... tienes comprensión... cuentas con mi confianza...
PEPE- Todos estos temas me interesan... Leo los libros que me das... Creo que hago bien lo de la "actuación"... me noto muy cambiado...
ANTONIO- Siempre fuiste una persona amable, pero ahora has perfeccionado tus habilidades sociales. Eres... ¿cómo diría? ¡más elegante! Y si nos vamos a vivir a la calle, Hamid y yo seremos "sin techo" elegantes.
PEPE- Me haría ilusión que el movimiento siguiera creciendo... ¿cómo lo dices?, ¿exponencialmente?
ANTONIO- ¿Exponencialmente? Vamos a preguntar a la "Inteligencia artificial"... ¿Es lo mismo el "crecimiento exponencial" que el "crecimiento geométrico"? Dice que sí, que en la práctica sí... Pasamos de ser cien mil, a doscientos mil en un año, y a cuatrocientos mil en un año más... etcétera...
PEPE- Entonces, me proporcionaría cierta satisfacción pensar que, por una vez en la vida, he acertado con las elecciones en mi vida.
ANTONIO- Yo creo que una cosa buena de esto es que hemos ideado una creencia que puede ser justamente comprendida incluso por quienes tienen motivos para no ser idealistas. A mí me parece muy bien que alguien llegue por problemas personales y que nosotros le ayudemos a superarlos y luego nos abandonen. Lo importante es que se trata de creencias comprensibles. Tú entiendes la creencia, ¿no? A ver, Pepe, cuéntame cómo le explicas a alguien, a alguien por ejemplo de tu trabajo, en qué consiste tu creencia.
PEPE- Yo les digo que estoy metido en un rollo, en algo así como una secta pero que no es nada malo. Aprendemos a hablar, a comportarnos, de forma que seamos agradables los unos con los otros, que proporcionemos confianza y que podamos pensar y explicarnos de forma fácil entre todos. Y, mientras hacemos eso, formamos parte de un proyecto de practicar el pacifismo y el altruismo... por lo de hacer un mundo mejor.
ANTONIO- ¿Les hablas primero de lo de aprender a comportarnos?
PEPE- A mí siempre es lo que más me ha llamado la atención: eliminar la ironía, todo el lenguaje superfluo, reducir el uso del humor... evitar el histrionismo... eso en lo que tú insistes tanto.
ANTONIO- Lo del histrionismo es vital: representamos un estilo de vida, una actuación, y tenemos que hacerlo lo mejor posible. Por eso nunca debemos exagerar, ni disimular. Si controlas lo que haces y dices, también controlas lo que sientes.
PEPE- También lo de la humildad. Ser humilde está muy bien, porque da confianza. Pero si la confianza es falsa, entonces no... entonces es histriónico.
ANTONIO- Y a veces nos aburrimos... pero nunca somos del todo desgraciados.
PEPE- Yo no me aburro tanto. Al principio pensé que estaríais en contra de ver la tele.
ANTONIO- Tú ves la tele, y luego te preguntamos por lo que ves, por qué lo ves, qué cosas te gustan más...
PEPE- Laura nos habló de aquella amiga suya, ¿te acuerdas? Era adicta a las teleseries...
ANTONIO- A mí me gustan algunas pelis. Incluso sabiendo que son malas... Lo importante es saberlo. Y me gusta el porno. Ahora trato de no verlo.
PEPE- Pero el porno es violento...
ANTONIO- Me gusta el menos violento. Pero la violencia también a veces me atrae. En otros aspectos. Soy viejo, quizá nunca podré estar "libre de pecado". De todas formas, está bien conocer las debilidades. Todos las tenemos. La cuestión es enfrentarlas, controlarlas... A veces hablo demasiado.
PEPE- No, no creas. Suele tener sentido lo que dices. Y aunque te repites mucho, eso es bueno para que ciertas cosas nos queden bien en la cabeza.
ANTONIO- Tenemos que hacer todo lo posible porque ya estamos obteniendo resultados, beneficios para nosotros mismos. Si uno hace el bien, es para beneficiarse uno mismo. Sea de la gratitud, de las consecuencias sociales o simplemente por sentirse bien. Hay que hacer todo lo posible para crear un estado de cosas amable, benévolo, altruista y gratificante. Si nos acostumbramos, al final el mismo marco social nos dirige.. y ya no tendremos que esforzarnos tanto en ver nuestros errores y en intentar corregirlos.
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