The greatest number of altruistic motivations for the greatest number of beneficiaries
Disminuir el sufrimiento de los seres sintientes parece un propósito inequívoco para una persona motivada para el altruismo. Podemos disentir en cuanto a prioridades de asistencia a quienes sufren, y estos dilemas muchas veces implican un terrible desasosiego para la persona altruistamente motivada, pero en lo que parece que no habría de producirse disensión es en la idea de que cuanto más personas motivadas para actuar altruistamente tengamos, menos sufrimiento se producirá en el futuro próximo porque habrá más individuos que se beneficien de sus actos altruistas.
Para quien ya está motivado para actuar de forma altruista puede que el origen psicológico de su motivación le resulte incluso indiferente. Pero si este individuo altruista quiere hacer "el mayor bien para el mayor número" debe encontrar lógico que alentar la motivación altruista en otros, cuantos más mejor, tendría que ser la prioridad.
Ahora bien, toda acción implica esfuerzo e inversión de recursos. De nuevo el altruista se encuentra en un dilema ético -surgen constantemente- ¿hay alguna forma de hacer compatible la acción altruista efectiva con la acción altruista de proselitismo?
Para quienes frecuentan este Foro, sin embargo, está claro que la motivación altruista no estorba a dilucidar cuestiones teóricas.
Para la mayoría es probable que se considere el mejor tipo de proselitismo altruista el desarrollar el modelo utilitarista que más o menos ya se diseñó hace unos veinte años cuando comenzó lo que podemos llamar el "movimiento Effecive Altruism". Su mera existencia, que se ha dado conocer en el mundo entero -aunque no parece que se haya hecho popular a nivel de masas y medios de comunicación- ya implica una posibilidad realista de propagación.
Reducing the suffering of sentient beings seems an unequivocal purpose for a person motivated by altruism. We may disagree on priorities for assisting those who suffer, and these dilemmas often cause terrible unease for the altruistically motivated individual, but what seems to be beyond disagreement is the idea that the more people we have motivated to act altruistically, the less suffering will occur in the near future because more individuals will benefit from their altruistic acts.
For someone already motivated to act altruistically, the psychological origin of their motivation may even be irrelevant. But if this altruistic individual wants to do "the greatest good for the greatest number," it should make sense that encouraging altruistic motivation in others—the more the better—should be the priority.
However, all action involves effort and an investment of resources. Once again, the altruist finds himself facing an ethical dilemma—one that arises constantly—is there a way to reconcile effective altruistic action with altruistic proselytizing?
For those who frequent this Forum, however, it is clear that altruistic motivation does not hinder the exploration of theoretical questions.
For most, it is likely that the best type of altruistic proselytizing is to develop the utilitarian model that was more or less designed some twenty years ago when what we might call the "Effective Altruism movement" began. Its mere existence, which has become known worldwide—although it doesn't seem to have gained widespread popularity in the mass media—already implies a realistic possibility of its spread.
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Now, when it comes to the altruistic motivation to reduce suffering, it is understandable to be impatient. In twenty years, progress is far from the ambitious goals that any utilitarian would accept. What would be lost by adding other tactics and strategies with the same goal?
Let us remember, for example, that in the fight against slavery in the 18th and 19th centuries, abolitionists did not limit themselves to preaching. They promoted boycotts of sugar obtained through slave labor and even denounced the atrocious conditions in which the sailors on slave ships lived.
It is a serious oversight not to pay attention to the proselytizing of altruistic motivation.
One suggestion—among others that could be made—is to consider the past of great social movements in which altruism was an important part of their public activity. I am referring, of course, to the so-called "compassionate religions" (not only Christianity).
Charity—a mystical conception of existence—implied an economic activity—sometimes confused with the mystical conception itself—that, in general, could be interpreted as seeking to alleviate the suffering of others. A great many people dedicated their lives to these kinds of social activities, which involved sacrifice and, in many cases, a departure from the conventional lifestyle. Religious movements, of course, continue to exist, carrying out a wide variety of public activities.
However, the raison d'être of religions—even those called "compassionate"—has never been altruistic motivation. From within the religious movements themselves, their objective has always been to perpetuate the movement's existence and achieve social success. From the perspective of social need, religions—compassionate or not—contribute to structuring the relationships between various conflicting social groups.
Now, the "religious experience" of the believer in a "compassionate religion" could indeed be very close to the phenomenon of altruistic motivation.
Ahora bien, cuando de lo que se trata es de la motivación altruista para disminuir el sufrimiento, es lógico que se sea impaciente. En veinte años el progreso está lejos de las metas ambiciosas que cualquier utilitarista aceptaría. ¿Qué se perdería añadiendo otras tácticas y estrategias con el mismo fin?
Recordemos, por ejemplo, que en la lucha contra la esclavitud en los siglos XVIII y XIX, los abolicionistas no se limitaron a sermonear. Se promovió el boicot al azúcar obtenido con el trabajo esclavo e incluso se denunció las condiciones atroces en que vivían los mismos marineros de los buques esclavistas.
Resulta grave no dedicar atención al proselitismo de la motivación altruista.
Una sugerencia -entre otras que pueden darse- es tener en cuenta el pasado de grandes movimientos sociales en los cuales el altruismo fue una parte importante de su actividad pública. Me estoy refiriendo, naturalmente, a las llamadas "religiones compasivas" (no solo el cristianismo).
La caridad -una concepción mística de la existencia- implicaba una actividad económica -que a veces se confundía con la misma concepción mística- que, en general, podía interpretarse como que buscaba disminuir el sufrimiento del semejante. Un número muy grande de personas comprometieron sus vidas en este tipo de actividades sociales que implicaban sacrificio y, en muchos casos, alejamiento del estilo de vida convencional. Los movimientos religiosos, por supuesto, siguen existiendo, llevando a cabo una gran variedad de actividades públicas.
Sin embargo, la razón de ser de las religiones -incluso la de las llamadas "compasivas"- nunca ha sido la motivación altruista. Desde dentro de los mismos movimientos religiosos, su objetivo siempre ha sido perpetuar la existencia del movimiento mismo y lograr su éxito social. Desde el punto de vista de la necesidad social, las religiones -compasivas o no- contribuyen a la vertebración de las relaciones entre los diversos grupos sociales en conflicto.
Ahora bien, la "experiencia religiosa" del creyente en la "religión compasiva" sí podría ser muy próxima al fenómeno de la motivación altruista.
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Aunque sería ardua alcanzar una descripción psicológica precisa de un "estado espiritual" que fuese motivador de la acción altruista genuina, contamos con elementos variados con diverso origen, tanto de la experiencia de las "religiones compasivas" (que históricamente han motivado a millones de personas a obrar de forma altruista y a aceptar sacrificios por ello) como de los comentarios en las ciencias sociales acerca de los estados de "empatía", "benevolencia", "agradabilidad", "elevación" o "flourishing"; algunos los relacionan con la actividad de determinadas hormonas y neurotransmisores. Hoy por hoy, este tipo de conocimientos pueden resultar más o menos inspiradores pero difícilmente pueden ser elementos constitutivos de una ideología, dada su indeterminación.
La acción altruista en soledad, como cualquier otra actividad basada en una creencia, es mucho más difícil que en comunidad (comunidad de creyentes, vínculos sociales). Y aquí es donde podría resultar atractiva la vinculación de la actividad altruista con los estados emocionales que podríamos relacionar con las antiguas tradiciones "espirituales".
Si partimos, a modo de tentativa, de que es posible cultivar un "estado de benevolencia", podríamos describir este estado como, ante todo, de control del comportamiento agresivo, de voluntad de expresión afectiva, eliminación del amor propio (humildad), apertura a la experiencia (curiosidad y pensamiento lógico) y empatía compatible con la elaboración de principios éticos. La expresión económica de la actividad social consecuente es, naturalmente, el altruismo efectivo.
¿Una subcultura de este tipo podría tener hoy un atractivo parecido al que tuvieron en su tiempo las antiguas ordenes monásticas cristianas (o comunidades de testimonio puritanas del cristianismo reformado)? Recordemos que bastaría con que un estilo de vida de estas características fuera adoptado por apenas una persona por cada cien o por cada mil... considerando la productividad del trabajo humano con la tecnología actual eso sería suficiente para resolver los problemas económicos de precariedad más acuciantes.
Cuando me refiero a "comunidad" no me refiero necesariamente a una anacrónica reproducción de los antiguos monasterios o comunidades puritanas. De lo que se trata es de utilizar los "efectos colaterales" del comportamiento benevolente como incentivo para la motivación altruista. Esto puede hacerse de diversas maneras, desde crear grupos de apoyo (por el estilo de AA), a utilizar las redes sociales o cualquier otra estrategia realista y adecuada al fin (altruismo efectivo) que facilite el estímulo y la motivación del cultivo de un estilo de vida basado en la benevolencia. Por poner un ejemplo, dos núcleos familiares que compartan la creencia pueden decidir fundirse con el único fin de vender una de las dos viviendas para dedicar el importe de la venta a la caridad. Por poner un ejemplo contrario, un creyente se convierte en una gran estrella de cine que gana exageradas cantidades de dinero que puede dedicar a caridad... pero eso lo obliga a vivir en un entorno donde no va a encontrar a muchas personas que compartan su creencia (tendrá que cultivar sus vínculos sociales, que le estimulan, en otro ámbito).
Lo principal es que se tendría claro el objetivo: incentivar la motivación altruista cultivando un estilo de vida que sea compatible con la mayor acción altruista posible y que a la vez sea gratificante para el creyente. El disfrute de ciertos vínculos sociales, una afectividad apreciable, una comunidad social de extrema confianza y un estímulo de nuevas experiencias podría compensar los inevitables sacrificios de todo tipo que conllevaría una vida dedicada al altruismo eficaz. No sería probablemente un modelo de felicidad muy acorde con el estilo de vida actual de los países desarrollados, pero podría tener un éxito quizá no muy diferente del de las antiguas órdenes religiosas o congregaciones puritanas.
Podría muy probablemente tener también un efecto positivo para la evolución moral de la sociedad convencional en su conjunto, al constituirse en una "minoría influyente". Dependería de lo bien que se hiciera, por lo cual en sus actividades siempre habría de tenerse en cuenta la aceptación pública en la medida de lo posible.
El que tenga una idea mejor que la proponga. El no hacer nada no parece una buena opción. Negar la necesidad de impulsar el proselitismo del altruismo eficaz es completamente anti-utilitario.
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